Era una mañana de invierno, había mucha neblina aquel día en el campo. Me alistaba para salir con mi amada, a dar un paseo, él carruaje estaba listo para partir, Liz llevaba un vestido muy precioso de color verde con encajes dorados que combinaba con su color de ojos; al verla me quedaba sin palabra alguna. Nos dirigíamos a la capital, durante el viaje no podía dejar de verla, platicábamos siempre de lo que fuera, pero al estar frente a ella, me perdía en su mirada que me cautivaba mucho. Una vez llegando a nuestro destino, nos dirigimos a la Plaza a caminar un poco; luego compramos una bolsa de maíz para alimentar a las palomas. Después de un rato fuimos a un restaurant, ella siempre tenía esa sonrisa en su rostro que me hacía sentir bien.
El tiempo que compartíamos los dos era de lo mejor; sin darnos cuenta el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte; el carruajero esperaba por nosotros, de regreso a nuestro hogar, a mitad del viaje me percate que ella no se sentía bien, llegando bajamos del carruaje, en ese momento me dice al oído que todo está bien. Que tenía ganas de ir, a ver las estrellas y yo que me la lleve al río, porque ahí se apreciaban mejor. El cielo estaba despejado; nos sentamos en el pasto, Liz se recostó en mis piernas los dos veíamos las estrellas por mucho tiempo, sin darme cuenta Liz se quedo dormida, trate de despertarla pero no respondía, en su rostro solo veía su sonrisa que parecía un ángel, esperando a que abriera sus ojos pero eso no sucedió, sólo mis lagrimas caían en su hermoso rostro, sabiendo que está en un mejor lugar.